Souvenirs de Cadaqués

“Cadaqués, en el fiel del agua y la colina, 

eleva escalinatas y oculta caracolas.

Las flautas de madera pacifican el aire, 

Un viejo dios silvestre da frutas a los niños

Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena. 

En alta mar les sirve de brújula una rosa…”

Federico García Lorca

 

Hay muchos lugares bellísimos en el mundo de caractéristicas muy similares a Cadaqués  (Portofino, Positano, St Tropez…) pero ninguno de ellos tiene, en mí opinión, la magia y la luz de este antiguo pueblecito pesquero, que desde el cielo parece una estrella blanca, intangible e irreal.

Cadaqués tiene aura.

Hace 17 años que lo descubrí y que me enamoré para siempre de este paraíso de la Costa Brava, de apenas 3000 habitantes, cuna de Salvador Dalí y fuente de inspiración de artistas.

Conocido mundialmente por el pintor surrealista que residía en su casa de Port Lligat en época estival . También acogió los veranos de Pablo Picasso, Rafael Durancamps, Man Ray, André Durain, Max Ernst, Joan Miró, Richard Hamilton, Albert Ràfols-Casamada, Antoni Pitxot, Arman y por supuesto de Marcel Duchamp, el artista más influyente del siglo XX, que se quedó allí 20 años.

Curiosamente toda esta élite intelectual y artística no buscaba crear, sino huir de lo cotidiano y descansar. Se dice que fue allí, en su reposo, que Picasso rompió definitivamente con la línea de contorno que sujetaba sus figuras y las aislaba, y que Albert Einstein se escapaba a Cadaqués a tocar el violín. Es de sobra conocido por los habitantes que Marcel Duchamp no hacía nada, sino jugar al ajedrez en el mítico Café Melitón. Siendo todos ellos, por unos días, unos meses o unos años “artistas en la sombra”.
Cadaqués fue un refugio y lo sigue siendo para muchos (yo me incluyo pues he venido durante 10 años) y no es de sorprender porque  produce sensasiones increíbles en cada visitante.
¿Cuál es su secreto?
¿Su viento del norte que sopla tan fuerte, la Tramontana, que trastoca? ¿Serán sus calles angostas con sabor marinero?
¿O su Iglesia de Santa Maria tan sencilla y a la vez majestuosa, que parece reinar en medio de las casas?
La verdad es que no lo sé. Lo que sí sé,  por haberlo vivido, es que este etéreo enclave de cara al mar, te para, te invita a sentir y a respirar. Aquí y ahora.
Es un lugar dónde “no hacer nada” (Marcel Duchamp). La calma blanca.
Pero este blog no va solamente de lugares hermosos sino de moda y Cadaqués, como no podía ser de otra manera también es elegancia y sencillez. Basta con sentarse en las terrazas de sus cafés para observar a sus visitantes y descubrir que existe un particular “dresscode”. Es imprescindible “la marinière” (camiseta o jersey navy de rayas horizontales) y la cesta de mimbre cómoda e ideal.
¿Para los pies? ¡Comodidad! unos sneakers, mejor si son de “Converse” o “Bensimon” (estamos a dos pasos de Francia y eso se nota) o unas alpargatas ( Castañer es una de las pocas tiendas de “marca” que decoran las calles del pueblo) . Además, un look casual y cómodo es perfecto y necesario para trepar por sus escarpadas calles y no perderse nada de sus miradores y rincones secretos.
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En los bares de Cadaqués, las tertulias intelectuales son habituales, aún reside allí una importante colonia de artistas. Es habitual ver en puentes y festivos, al arquitecto Bofill pasear por sus calles con su mujer, a Christo y Jeanne-Claude, siendo las galerias de arte una parte importante del pueblo.
Pero no sólo eso. Cadaqués es muy chic, tiene algo especial, tiene fondo y forma. Es un lugar, no para ser visto sino para VER.
En él, abundan los restaurantes gastronómicos. El último proyecto en ver la luz se llama “Compartir”  y está encabezado por Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateo Casañas, respectivamente, jefes de cocina y pastelero de el Bulli,  han abierto su restaurante en el centro del pueblo.
Comer una excelente paella o probar la cocina del Empordá, viendo el mar mediterraneo, es un must en “Els pescadors”.
Para una cervecita o una copa de vino, para desayunar o pasar la tarde nada mejor que la terraza del Maritim frente al mar y conservada casi como era antiguamente hace 100 años. Y si quereís recrearos en los años dorados de Cadaqués, entrad en el Melitón o en su Casino, punto de encuentro de todos los artistas que antes he nombrado. Hay fotos y recuerdos para que la memoria no falle y la belleza permanezca pese al paso de los años.
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Cadaqués es exclusivo y elitista, comprarse una casa en el pueblo es un sueño, en primera línea y con vistas un imposible, se ceden en herencia de padres a hijos y su valor es incalculable.
Cruzó los dedos para que su belleza permanezca así de intacta y no lleguen allí ni yates ni personajes bling bling porque perdería de su magia. Cadaqués sigue siendo uno de esos pocos lugares en el mundo dónde la naturalidad y la auténtica clase se palpan y se respiran y esto sí que es lomustdelomust.



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